viernes, 3 de mayo de 2013

Ojalá


Se encontraban todas las noches caminando uno al lado del otro... así, sin mirarse y sin dedicarse más palabras caminaban tomados de la mano. El aire frío los juntaba en cada esquina y tras varias sonrisas, de esas que cuentan menos de lo que en verdad esconden, buscaban huir a un lugar sólo para ellos dos.

Aquel lugar en el que pudieran compartir los mundos creados y conocidos por ambos; en el cual pudieran alejarse de todo y detener el tiempo aunque fuera por una noche. Rodeados de música que evoca, hablaban de otros tiempos y de otros momentos, como si añoraran volver a ellos y no precisamente compartirlos con el otro.

Sus palabras hablaban de libertades inalcanzables que sus besos desmentían. Sus ojos escondían el miedo a perder lo poco que hubieran podido ganar al compartir aquellas noches de invierno. Sus manos se entrelazaban creando relatos que jamás se hubieran podido explicar, pues sólo ellos los entendían. 

Sin embargo, todo aquello se rompía al amanecer. Como si el hechizo se hubiera desvanecido con la llegada de un nuevo día y fueran únicamente unos buenos amigos que han sobrevivido a una batalla de recuerdos fantasmales que los acechan todas las noches. 

Nunca se convirtió en una rutina porque eso los hubiera vuelto locos, pero dentro de sus encuentros buscaban siempre volver a aquellas cosas que los hicieran sentir cómodos y seguros de que nada pasaría, de que aquella libertad y aquellas promesas jamás se romperían. 

Sus personalidades eran inequívocamente diferentes y de igual forma se complementaban en tantas otras cosas que siempre los hacía pensar en tiempos futuros. En esos tiempos que prometieron jamás llegarían. Aprendieron a existir conjuntamente sin  compartir más allá de lo que estaba permitido y a la vez queriendo estar en cada suspiro y en cada respiración. Sin saberlo, estaban inmersos en aquello de lo que tanto habían querido huir. 

Con el paso del tiempo seguían siendo extraños que compartían noches de nostalgia. Quizá esa fue la verdadera razón por la que momento a momento se alejaban un poco más de la verdadera esencia del otro. 

Ella, cansada, sonreía distraídamente mientras él relataba un encuentro furtivo en otra ciudad. Yo los observaba desde lejos, abstraída por la belleza de la sola existencia de aquella misteriosa relación. Él, quizá más distraído que ella, no reparaba en que con cada palabra y cada nota de la melodía la iba perdiendo un poco más. Quizá sí lo hacía y simplemente la dejaba irse un poco más lejos, así no se sentiría tan culpable. 

Al terminar su cerveza, tomó sus cosas y le dio un beso en la frente. No se detuvo para mirarlo, ni para intentar responder a la explicación no pedida. Subió a su bicicleta y se fue lentamente a orillas del río, cómo si esperara que él corriera detrás suyo para pedirle que nunca se fuera y ella pudiera contestarle ‘nunca me dejes ir, entonces’. 

Pero no fue así. 

Aún vuelvo a este parque para ver si logro encontrarlos en un mundo que crearon y que no compartieron con nadie más. Vuelvo con la esperanza de verlos felices en un escenario perfectamente inventado, en el cual casi podría pensar que no fue una gran mentira la que vivieron. 

En uno de esos días nublados en los que espero que aparezcan tomados de la mano como solían hacerlo, pensé que quizá también había sido una promesa que había llegado a su fecha de caducidad. Me aventuré a pensar que en realidad únicamente estaban sólo por estar. 

La realidad es que para mí, era un enigma. Un enigma traducido en necesidad; en esa necesidad inevitable y dolorosa. Aquella que todos los días duele un poco más y que, por ello, se busca siempre pretender que no existe. Los recuerdos de aquella pareja me traen un sentimiento de nostalgia y de abandono. Una sensación de soledad.... Era una soledad acompañada. 



Ojalá me equivoque. 

lunes, 29 de abril de 2013

1 Mes


Me hablan de distancias y de ausencias y yo, no conozco esas dos palabras. Ni juntas, ni separadas. La gente me habla de ausencias y de espacios vacíos que se llenan con recuerdos que sin duda no se borrarán fácilmente. Yo no hablo de ausencia más que cuando tengo que hacerlo: cuando es inevitable y sobre todo, cuándo sé que aquella persona no volverá jamás y sin embargo, estoy consciente que dejó su huella para ser recordada por siempre. 

A un mes exacto de mi llegada a Alemania no pienso en ausencias, no pienso en el vacío que algunas noches siento al estar en un lugar tan lejano y diferente al acostumbrado. Más bien recuerdo con alegría y una poca de nostalgia, aquellas cosas que dejé (más no abandoné) para poder estar hoy aquí. 

A medida que pasan los días, siento que me apropio cada vez más de todo lo poco que voy encontrando en mi caminar diario. Intento abrir los ojos para que no se me escape ningún color, ningún detalle y entonces poder decir ‘ojalá estuvieran aquí conmigo para verlo’; y sé que algún día así será, mientras tanto mi solución más cercana es plasmarla en fotografías y un poco más adelante en historias que los hagan venir a este lugar y estar un poco más cerca de mí. 

Pienso en los kilómetros que nos separan, en los momentos en los que voy despertando sabiendo que muchos otros apenas van a dormir, pienso en tantas cosas, en tantos lugares, canciones y sensaciones... pienso y pienso... y no me canso de hacerlo. 

He conocido personas que me han abierto los ojos y, sobre todo, la mente. He visto más allá de una realidad conocida y de aquella que solo había podido ver a través de los medios... hoy recolecto historias que quizá no sean la mía pero que forman una parte importante de ella. He hablado en otro idioma, que no está ni cerca de ser mi lengua materna, con personas que no comparten más que ese idioma y entonces se convierte en la única manera de saber qué piensan y qué sienten; y a pesar de manejarlo bastante bien, sé que nunca es suficiente y a veces quisiera conocer todos los idiomas del mundo para romper esa barrera y entender al 100% lo que se tiene en la mente. 

Empiezo a escribir mis límites y mis sueños en una hoja, para que nunca, al intentar llegar a los segundos, olvide los primeros. También empecé a decir mis miedos en voz alta para asustarlos y que no vuelvan a molestarme, porque la única manera de romperlos es ser lo suficientemente valiente para aceptarlos y ver la manera de resolverlos. 

He corrido, hasta el día de hoy, 25 kilómetros de una ciudad que no es la mía y que a cada paso he ido reconociendo y queriendo un poco más. Me he permitido ver más allá de lo que uno ve cuando camina, me concentro en la respiración y dejo que mis piernas me lleven a cualquier lugar sin una ruta o meta establecida. Hasta que mis pies me digan que es suficiente, o la luz del poco sol que hay se esconda para darme a entender que debo detenerme por ese día. 

Me he aventurado a salir de mi zona de confort desde el día que subí al avión y no he dejado de practicarlo cada día desde que me levanto; y aunque ha habido días en los que no ha sido nada fácil hacer lo que he hecho, pienso en todo lo que he pasado pasra estar aquí y entonces, no me detengo. 

Aunque quizá para cualquier otro hubiera podido ser muy fácil llegar y hablar otro idioma que conoces desde hace relativamente poco; o salir de aquella burbuja confortable en la que solías moverte... hay días que para mi no lo es. Hay días en los que me levanto sabiendo nada de este idioma tan complejo o siquiera del mío o del inglés... hay días en los que podría vivir sin decir nada, sabiendo en mi mente que pude haberlo hecho... y llegar a casa frustrada por el hecho de no haberlo podido intentar. Hay días en los que no paro de hablar y recuerdo todas las reglas al derecho y al revés... hay días en los que sonrío e intento aún sin pensar en lo mal o lo poco que pueda decir. 

Sin embargo, no dejo que eso me abrume, no me permito quedarme sentada pensando en lo malo que he pasado y dejando que eso se apropie de mi felicidad. Hasta el día de hoy quiero que sepan que me he mantenido firme y para los que me han preguntado... tampoco he llorado una sola lágrima. Porque siempre he pensado que hay pocas razones para llorar. La primera se resume en aquella ausencia que relaté al principio, y la segunda cuando hay algo más fuerte que tu propia alegría que te haga querer demostrarlo de una manera distinta y no solamente con una gran sonrisa. 

A un mes de mi llegada a este maravilloso país, puedo decir que estoy realmente feliz. Hay música, historia y cultura en cada esquina y en cada paso que uno da por las diferentes ciudades en las que puede visitar. La gente es maravillosamente sencilla y su comida ha llegado a conquistarme aunque no la coma todos los días ni a todas horas. Hay tantas cosas por hacer y tantos lugares por visitar que siento que no me alcanza una vida para hacerlo, que el tiempo se me está yendo entre los dedos. 

Me he ido conociendo cada vez más y aunque en el fondo sigo siendo la misma persona que hace un mes se moría por emprender esta aventura, siento que he cambiado. He puesto las reglas de este juego y he intentado sacarle el jugo al máximo para no perder nada de lo que pasa a mi alrededor. Hasta ahora creo que lo he hecho muy bien. 

¡... y lo que falta...!


miércoles, 10 de abril de 2013

Ajenos


Me pregunto si alguna vez piensas en mí como yo en ti ¿en dónde estaré, por ejemplo? ¿qué hago todos los días? ... ¿acaso soy feliz?

No suelo hablar de ti a pesar de que en casi todas las reuniones estás ahí; como un espía, como si esperaras aparecer en las conversaciones convertido en parte de una historia muchas veces contada. 

Nunca hablamos de ti, porque para mi, no eres más que un fantasma; como si fueras una sombra molesta que existe en un recuerdo y nada más. 

Lo cierto es que pienso en ti. Pienso en cómo has cambiado, cuánto has dejado de ser aquel pequeño que algún momento compartió un camino conmigo. Me gusta pensar en tu suéter y la combinación perfecta con tus ojos... seguro el regalo favorito de tu abuela... no lo sé; eso lo invento, nunca lo supe. 

Tu sonrisa me parece fugaz y aunque quizá no era el momento adecuado, la conocí y la congelé en una imagen furtiva. 

Pero ¿sabes? No siempre es así. Algunas veces pienso en que realmente no sé cómo llegamos al mismo lugar y prefiero dejar que te vayas de mi mente... al final, no estás aquí. No sé si deberías estarlo. 

Sin embargo, las preguntas me invaden de vez en cuando y se quedan aquí como fieles vigías de un tema interminable. Mi madre siempre me dijo que esta curiosidad que vive en mí algún día acabará por traerme mal. 

Las veces que vienes a mi mente, apareces de la mano de esta curiosidad infinita e inminente... llegas como si quisieras dejar tu huella; un rastro que jamás encontraré porque nunca supe cómo llegó aquí. Me vuelve loca pensar en ti y en tu forma tan sutil de aparecer y, a la vez, de no existir para nada en mi vida.

¿Cómo puedo pensarte sin saber nada de ti? ¿Cómo puedes estar en un recuerdo que nunca fue tuyo?

Lo curioso de esta historia, es que te recuerdo y te pienso más de lo que quizá debería. Al hacerlo, el tiempo no pasa, todo se congela y no deja espacio para nada más. En mi mente aún seguimos teniendo 12 años y estamos en ese mismo parque que fue testigo de muchas de mis travesuras, y por lo que pienso, también de las tuyas. 

Te sigo imaginando así como apareciste. Imagino en toda la historia que hoy puedes contarle a tus hijos y de la cual yo no formo parte en absoluto. Me gusta pensar que aquel día, en el que nos encontramos, tu vida cambió y dejaste de creer que algo malo podría pasar. Aunque quién sabe, quizá no es así... lo más seguro es que no sea así. 

Y al pensarte una vez más, sentada en el comedor frente a la hilera de fotografías, sé que no somos tan ajenos como aquella vez que nuestros caminos se cruzaron por casualidad. Aquella vez en la que por una fracción de segundo, compartimos un solo instante que quedó, sorpresivamente, plasmado en una sola imagen.... en esta fotografía que cuelga en la pared del comedor; en la que tú apareces y me haces pensar en todas esas veces que  compartimos recuerdos con seres tan lejanos y tan ajenos a nuestra propia historia. 

Me gusta recordarte con ese suéter azul que va muy bien con tus ojos; sonríes mientras corres ¿a dónde ibas? ¿con quién ibas? ¿nos habremos encontrado alguna otra vez?

domingo, 17 de febrero de 2013

Borradores

Me escribiste después de tanto tiempo; y yo, sin emoción, leí. Leí con detenimiento cada una de las líneas dedicadas y, por primera vez, sentí que me castigabas con cada palabra escrita. 


Cada una de esas letras me deshacía, me desarmaba... 

Por mucho tiempo, esperé... Quisiera saber qué era lo que realmente esperaba; pero ¿sabes? Durante todo el tiempo, lo único que sabía con certeza es que jamás esperaba ver en tus palabras tanta indiferencia; una maldita e insípida indiferencia. Aún en el escribir 'te he extrañado', pude sentir que no era así y que quizá sólo buscabas salir de aquel momento tan incómodo para ambos.  

Ojalá que nunca nadie te dirija palabras tan hirientes, como las que hoy tu me regalaste. 

No voy a mentirte y decirte que me emocioné al ver que me escribías; sería como decirte que aún quiero un nosotros... Y para falsedades, estas tú. 

Me dolieron tus palabras, me dolió que jamás las usaras para llenarme de alegría, para hacerme saber que lo estaba haciendo bien; aunque no fuera yo la indicada para hacerte feliz. 

Siempre he dicho que tienes un don especial para usar cada palabra y cada acento, lo sabes bien; por ello, sé que no es vano que hoy lea un par de líneas en donde no haces más que destruirme.

Pero, no te preocupes. Estaré bien. Estaré mejor en un lugar alejada de ti, donde pueda ser inmune a tus palabras... a aquellas que perdimos en algún lugar y éstas que sin más me dedicaste. 

Ahora yo me pregunto si tú estarás bien, hundido entre tantas palabras y oraciones vacías; entre tanto sentimiento y entre letras que jamás te abrazarán como alguna vez lo hicieron las mías. 

Ojalá nunca nadie te regale palabras tan hirientes. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Historias de traición.


¿Escribir de mí? No, no sería lo correcto. Aunque sé que en gran medida se creerá que es parte de un cuento más, de otra historia ajena a la mía... quizá de un personaje mucho más fuerte y fantástico que sin duda podría no ser yo. 

Por mucho tiempo, me negué al hecho de contar esa historia que me habías dicho era maravillosa. Lo cierto es que yo no creí que pudiera ser así, como tampoco creí que tuviera un final feliz... Y ahora, lo que no puedo llegar a descifrar es, si esto es mi historia o una historia de mí.


Fue un jueves,cómo cualquier otro en el que pudimos encontrarnos en el inmenso jardín que rodeaba tu casa. Estuve 15 minutos bajo el gran árbol al lado de la puerta escuchándote hablar sobre todo lo que podríamos hacer con un poco más de tiempo y de dinero. Sin poder moverme, pues corría el riesgo de que la alergia al pasto hiciera de las suyas, te miré con ingenuidad y sonreí. Sabes cómo siempre me divertía imaginar otros tiempos, otros lugares y muchas otras personas a mi alrededor. 

De pronto, una llamada nos hizo volver a nuestra cálida tarde de marzo. 

‘Vendrá por mí en 20 minutos’. Dijiste al colgar el teléfono, sin voltear a verme. 

‘En algún momento, tiene que enterarse... y si no lo dices tú, me parece que bien podría decírselo yo.’ 

Esperaste a que me levantara para poder llevarte las cobijas sobre las que había estado acostada; sin pronunciar ninguna palabra y sin siquiera mirarme, entraste a la casa. 

‘¿Te acuerdas de Felipe? Me contaron que ya regresó de su viaje, creo que no le fue muy bien. Su novia al final lo dejó y él se quedó como el perro de las tortas.’  Comenzaste a buscar los libros y los cuadernos de química que siempre preferías ignorar, pero que hoy eran el motivo por el cual estábamos ahí. ‘Siempre fue medio imbécil...’ 

‘Ese medio imbécil, fue tu novio y ...’

‘...y me dejó. Fin de la historia. No vamos a entrar en detalles y tú y yo tenemos más cosas interesantes de las cuales hablar’. Terminaste la conversación con un tono de superioridad como solías hacerlo después de varios vasos de vodka. 

Volvimos a quedarnos en silencio. Mientras tú leías el final del capítulo que habías dejado incompleto desde hacía unos días atrás, yo buscaba una partitura dentro del desordenado  asiento del piano. Pudimos haber fingido que todo estaba peor de lo que realmente era, quizá también hubiéramos podido hablar con alguien más sobre lo que sucedió hacía unos meses atrás; pero preferimos dejarlo en el olvido y continuar con nuestros rutinarios esfuerzos por no cambiar nada en absoluto. 

El ladrido de tu perro fue silenciado por la voz de un hombre que cruzaba por la puerta principal de tu casa. Lo miramos caminar y esperamos a que unos minutos después llegara a la cocina donde nos encontrábamos con la media botella de vodka. Como siempre, me saludó sin ninguna sorpresa, harto de mi presencia me dirigió un frío ‘hola’ y continuó hasta llegar al otro lado para dejar una bolsa de comida que traía en la mano.

Lo miré detenidamente. Observé todo lo ilógico de sus movimientos; era como si un gran oso hubiera entrado a la cocina e intentara hacer malabares. No, tienes razón, eso hubiera sido mucho más cómico. Sonreí por la imagen en mi cabeza y al darme cuenta de tu mirada de confusión, me apuré a recoger mis cosas y a vaciar el vaso que aún tenía en la mano. 

Esperé todavía unos minutos mientras ustedes tenían una aburrida plática sobre el ‘maravilloso’ día que había tenido hoy en su trabajo. Te dirigí un par de veces una mirada de esas que buscan apurar la situación; y tú me ignoraste como todos los demás días en los que había intentado convencerte de que hablaras con él. 

‘¿Te vas ya?’ Me dijo con un cierto tono triunfal en su voz. 

Sonreí, éste era el momento. 

‘Sí, tengo muchas cosas que hacer. Además no quiero interrumpir la discusión que van a tener cuando ella te diga que cuál fue la razón por la que, una madrugada hace dos meses decidimos deshacer tu auto en un choque.’

Lo último que miré antes de dejar la cocina fue el horror en tu mirada. Salí tan rápido que no podría asegurar que el sonido que siguió mis pasos fue el de la botella al estrellarse contra la puerta.


Apagué mi celular y sin más subí a tu auto. Sabía que no lo necesitarías más.